MI EXPERIeNCIA CON EL BÓTOX EN LOLA SOPEÑA CIRUGÍA Y MEDICINA ESTÉTICA

Ya hace casi dos meses que me puse en las manos del Dr. Rafael Legumburu, médico estético de Lola Sopeña Medicina y Cirugía Estética, para conseguir un rostro más relajado gracias a la toxina botulínica, más comúnmente conocida como bótox. 
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Para los que no tengáis muy claro lo que es, la toxina botulínica tipo A es un compuesto farmacológico basado en la acción de la neurotoxina derivada de la bacteria Clostridium Botulinum o toxina botulínica tipo A purificada. 

Esta molécula actúa bloqueando el neurotransmisor que lleva el impulso nervioso hasta el músculo, lo que consigue inhibir la contracción de los músculos faciales, responsables de las arrugas secundarias de la mímica facial, sin producir cambios radicales ni lesiones en las estructuras nerviosas.

En concreto me aplicaron la marca Vistabel (Allergan), una de las mejores del mercado. Cuando vayáis a realizaros este tipo de tratamientos os recomiendo tener muy presenta qué os están inyectando, ya que no todos los ‘bótox’ son de la misma calidad y a veces los precios excesivamente baratos pueden llevar a decantarse por ellos sin tener en cuenta nada más.
Su correcta aplicación es para mí una cuestión de arte y experiencia del médico experto que lo realice. Y es que, para conseguir que los resultados sean naturales, es fundamental que el médico tenga un conocimiento profundo de la musculatura facial, así como prestar atención a las características anatómicas propias de cada paciente.
Antes de comenzar el tratamiento el Dr. Rafael Legumburu analizó mi rostro en profundidad y realizo una exploración facial, además me preguntó cuáles eran las zonas que menos me gustaban de mi tercio superior facial. A ello respondí que las líneas de la frente y el entrecejo. Él fue más allá y, junto a estas preocupaciones, se centró en corregir la zona de las patas de gallo, que aún no las tengo marcadas pero es un momento estupendo para prevenirlas, y la cola de la ceja, que nunca está de más retocarla sutilmente (en mi caso).

El procedimiento es muy sencillo, ya que consiste en infiltraciones con una aguja muy fina en unos puntos predeterminados de la región facial. Al paralizarse suavemente los músculos, se produce un borrado de las arrugas que dura aproximadamente de 4 a 6 meses.

Transcurrido este tiempo, puede repetirse el tratamiento. Los resultados se aprecias desde el primer momento, aunque mejoran notablemente a los 7 -10 días.

El número de pinchazos que me realizaron no fueron muchos, y lo que más me gustó fue la sutileza de los mismos (estaba claro que  el Dr. Rafael tenía muy claro dónde realizar los pinchazos). Las molestias fueron mínimas y el resultado ya lo pude apreciar a las pocas horas.

La única recomendación que me dieron tras el tratamiento fue que durante 3-4 horas no debía tumbarme ni agachar la cabeza, ya que el bótox tarda ese tiempo en adherirse al músculo. Tras unos 15 días acudí a revisión y me realizaron un pequeño retoque en el entrecejo. 

La verdad es que el resultado ha sido estupendo. Tengo el rostro más relajado, las líneas de la frente (que tenía intención de rellenarlas con ácido hialurónico) se relajaron tanto que el doctor me recomendó que por el momento no las retocaramos (el método para ello se denomina blanching, del que ya os hablaré más adelante)  y el resultado es súper natural. Sin duda me parece un tratamiento más que recomendable. El trato fue buenísimo tanto por parte del Dr. Rafael Legumburu como por la propia Lola Sopeña, que desde el primer momento te hace sentir como en  casa.  El precio por zona es de 120 €. ¿Lo habéis probado? 

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